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Descubra los maravillosos barcos de crucero para disfrutar de unas auténticas vacaciones.

Conocer Croacia y Eslovenia 2016. Duración: 17 días con 15 comidas. Estadía en Dubrovnik 4 días


Conocer Croacia y Eslovenia.-



Tanto Croacia como Eslovenia son países con paisajes caracterizados por valles y costas accidentadas, con vegetación profusa y áreas esmeradamente cultivadas. En ese pintoresco marco, se asientan los poblados que se asoman al mar en costas protegidas por un sinfín de islas. Esto hace que la llamada costa dálmata goce de un clima privilegiado. El tour comienza en Zagreb, la capital de Croacia, con un sector antiguo encaramado en dos montículos, otro algo más moderno con ornamentados edificios de la época en que el país estaba bajo el dominio austrohúngaro, y finalmente un área de gigantescos edificios actuales. Desde Zagreb se desciende hacia la costa, pero en el camino se hace un alto para visitar los lagos de Plitvice, un conjunto de espejos de agua de color azul verdoso vinculados por cascadas todo enmarcado en bosques de follaje policromo. Y de ahí se baja hacia la costa para permanecer cuatro días en Dubrovnik, que fuera el centro de una ciudad rival de Venecia, que conserva sus murallas, iglesias y calles con forma de escaleras. De ahí puede visitarse las costas de Montenegro, o el santuario de la Virgen de Medjugorge o dejar transcurrir el tiempo en las playas vecinas. En un trayecto por caminos con el mar siempre presente, se llega a Split, ciudad fundada por el emperador Diocleciano que construyó allí un gigantesco palacio dentro de cuyos límites se estableció más tarde un poblado medieval. Trojir, Zadar, y después Opatija son las próximas paradas. Esta última fue llamada la Niza del Adriático, aristocrático balneario en el siglo XIX, desde donde se puede recorrer la península de Istria, lugar de encuentro de culturas, con ciudades como Pula, que conserva construcciones del Imperio Romano como un anfiteatro considerado el sexto en tamaño en el mundo. Se deja Croacia para internarse en Eslovenia. La primera parada son las cuevas de Postonja kilómetros de galerías recorribles. Y finalmente se recala en Ljubliana, la capital del país, cuya vida activa discurre por plazas y puentes desde donde se pueden apreciar las construcciones romana, medievales y barrocas. Una extensión imperdible a Polonia, pasando por Bratislava, capital de Eslovaquia. Emplazada a orillas del Danubio, está construida sobre un promontorio coronado por el castillo ocupado en otros tiempos por los reyes de Hungría que eran coronados en su catedral. Al entrar a Polonia se hace un alto en Cracovia, antigua capital del país a orillas del río Vístula, con una parte histórica muy conservada y con la plaza medieval más extensa de Europa. En el camino hacia Varsovia, la actual capital polaca, se visita el santuario de Czestochowa para conocer la Virgen Negra, venerada por el pueblo polaco. Destruida casi en su totalidad en la Segunda Guerra, Varsovia se reconstruyó en parte con los esquemas rígidos del urbanismo soviético, pero rehízo su área histórica con un a fidelidad que lleva a vivirla como si se estuviera hace dos o tres siglos. Así sus plazas, palacios, el Teatro de la Opera y sus iglesias. En la iglesia de la Santa Cruz, todo viajero debe dejar una flor en el monumento que guarda el corazón de Federico Chopin. 

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Tanto Croacia como Eslovenia son países con paisajes caracterizados por valles y costas accidentadas, con vegetación profusa y áreas esmeradamente cultivadas. En ese pintoresco marco, se asientan los poblados que se asoman al mar en costas protegidas por un sinfín de islas. Esto hace que la llamada costa dálmata goce de un clima privilegiado. El tour comienza en Zagreb, la capital de Croacia, con un sector antiguo encaramado en dos montículos, otro algo más moderno con ornamentados edificios de la época en que el país estaba bajo el dominio austrohúngaro, y finalmente un área de gigantescos edificios actuales. Desde Zagreb se desciende hacia la costa, pero en el camino se hace un alto para visitar los lagos de Plitvice, un conjunto de espejos de agua de color azul verdoso vinculados por cascadas todo enmarcado en bosques de follaje policromo. Y de ahí se baja hacia la costa para permanecer cuatro días en Dubrovnik, que fuera el centro de una ciudad rival de Venecia, que conserva sus murallas, iglesias y calles con forma de escaleras. De ahí puede visitarse las costas de Montenegro, o el santuario de la Virgen de Medjugorge o dejar transcurrir el tiempo en las playas vecinas. En un trayecto por caminos con el mar siempre presente, se llega a Split, ciudad fundada por el emperador Diocleciano que construyó allí un gigantesco palacio dentro de cuyos límites se estableció más tarde un poblado medieval. Trojir, Zadar, y después Opatija son las próximas paradas. Esta última fue llamada la Niza del Adriático, aristocrático balneario en el siglo XIX, desde donde se puede recorrer la península de Istria, lugar de encuentro de culturas, con ciudades como Pula, que conserva construcciones del Imperio Romano como un anfiteatro considerado el sexto en tamaño en el mundo. Se deja Croacia para internarse en Eslovenia. La primera parada son las cuevas de Postonja kilómetros de galerías recorribles. Y finalmente se recala en Ljubliana, la capital del país, cuya vida activa discurre por plazas y puentes desde donde se pueden apreciar las construcciones romana, medievales y barrocas. Una extensión imperdible a Polonia, pasando por Bratislava, capital de Eslovaquia. Emplazada a orillas del Danubio, está construida sobre un promontorio coronado por el castillo ocupado en otros tiempos por los reyes de Hungría que eran coronados en su catedral. Al entrar a Polonia se hace un alto en Cracovia, antigua capital del país a orillas del río Vístula, con una parte histórica muy conservada y con la plaza medieval más extensa de Europa. En el camino hacia Varsovia, la actual capital polaca, se visita el santuario de Czestochowa para conocer la Virgen Negra, venerada por el pueblo polaco. Destruida casi en su totalidad en la Segunda Guerra, Varsovia se reconstruyó en parte con los esquemas rígidos del urbanismo soviético, pero rehízo su área histórica con un a fidelidad que lleva a vivirla como si se estuviera hace dos o tres siglos. Así sus plazas, palacios, el Teatro de la Opera y sus iglesias. En la iglesia de la Santa Cruz, todo viajero debe dejar una flor en el monumento que guarda el corazón de Federico Chopin. 

Conocer Croacia y Eslovenia 2016. Duración: 17 días con 15 comidas. Estadía en Dubrovnik 4 días


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Tanto Croacia como Eslovenia son países con paisajes caracterizados por valles y costas accidentadas, con vegetación profusa y áreas esmeradamente cultivadas. En ese pintoresco marco, se asientan los poblados que se asoman al mar en costas protegidas por un sinfín de islas. Esto hace que la llamada costa dálmata goce de un clima privilegiado. El tour comienza en Zagreb, la capital de Croacia, con un sector antiguo encaramado en dos montículos, otro algo más moderno con ornamentados edificios de la época en que el país estaba bajo el dominio austrohúngaro, y finalmente un área de gigantescos edificios actuales. Desde Zagreb se desciende hacia la costa, pero en el camino se hace un alto para visitar los lagos de Plitvice, un conjunto de espejos de agua de color azul verdoso vinculados por cascadas todo enmarcado en bosques de follaje policromo. Y de ahí se baja hacia la costa para permanecer cuatro días en Dubrovnik, que fuera el centro de una ciudad rival de Venecia, que conserva sus murallas, iglesias y calles con forma de escaleras. De ahí puede visitarse las costas de Montenegro, o el santuario de la Virgen de Medjugorge o dejar transcurrir el tiempo en las playas vecinas. En un trayecto por caminos con el mar siempre presente, se llega a Split, ciudad fundada por el emperador Diocleciano que construyó allí un gigantesco palacio dentro de cuyos límites se estableció más tarde un poblado medieval. Trojir, Zadar, y después Opatija son las próximas paradas. Esta última fue llamada la Niza del Adriático, aristocrático balneario en el siglo XIX, desde donde se puede recorrer la península de Istria, lugar de encuentro de culturas, con ciudades como Pula, que conserva construcciones del Imperio Romano como un anfiteatro considerado el sexto en tamaño en el mundo. Se deja Croacia para internarse en Eslovenia. La primera parada son las cuevas de Postonja kilómetros de galerías recorribles. Y finalmente se recala en Ljubliana, la capital del país, cuya vida activa discurre por plazas y puentes desde donde se pueden apreciar las construcciones romana, medievales y barrocas. Una extensión imperdible a Polonia, pasando por Bratislava, capital de Eslovaquia. Emplazada a orillas del Danubio, está construida sobre un promontorio coronado por el castillo ocupado en otros tiempos por los reyes de Hungría que eran coronados en su catedral. Al entrar a Polonia se hace un alto en Cracovia, antigua capital del país a orillas del río Vístula, con una parte histórica muy conservada y con la plaza medieval más extensa de Europa. En el camino hacia Varsovia, la actual capital polaca, se visita el santuario de Czestochowa para conocer la Virgen Negra, venerada por el pueblo polaco. Destruida casi en su totalidad en la Segunda Guerra, Varsovia se reconstruyó en parte con los esquemas rígidos del urbanismo soviético, pero rehízo su área histórica con un a fidelidad que lleva a vivirla como si se estuviera hace dos o tres siglos. Así sus plazas, palacios, el Teatro de la Opera y sus iglesias. En la iglesia de la Santa Cruz, todo viajero debe dejar una flor en el monumento que guarda el corazón de Federico Chopin. 

Conoce CROACIA Y ESLOVENIA 17 días con 15 comidas. Dubrovnik, Estadía en Dubrovnik 4 días.


Tanto Croacia como Eslovenia son países con paisajes caracterizados por valles y costas accidentadas, con vegetación profusa y áreas esmeradamente cultivadas. En ese pintoresco marco, se asientan los poblados que se asoman al mar en costas protegidas por un sinfín de islas. Esto hace que la llamada costa dálmata goce de un clima privilegiado. El tour comienza en Zagreb, la capital de Croacia, con un sector antiguo encaramado en dos montículos, otro algo más moderno con ornamentados edificios de la época en que el país estaba bajo el dominio austrohúngaro, y finalmente un área de gigantescos edificios actuales. Desde Zagreb se desciende hacia la costa, pero en el camino se hace un alto para visitar los lagos de Plitvice, un conjunto de espejos de agua de color azul verdoso vinculados por cascadas todo enmarcado en bosques de follaje policromo. Y de ahí se baja hacia la costa para permanecer cuatro días en Dubrovnik, que fuera el centro de una ciudad rival de Venecia, que conserva sus murallas, iglesias y calles con forma de escaleras. De ahí puede visitarse las costas de Montenegro, o el santuario de la Virgen de Medjugorge o dejar transcurrir el tiempo en las playas vecinas. En un trayecto por caminos con el mar siempre presente, se llega a Split, ciudad fundada por el emperador Diocleciano que construyó allí un gigantesco palacio dentro de cuyos límites se estableció más tarde un poblado medieval. Trojir, Zadar, y después Opatija son las próximas paradas. Esta última fue llamada la Niza del Adriático, aristocrático balneario en el siglo XIX, desde donde se puede recorrer la península de Istria, lugar de encuentro de culturas, con ciudades como Pula, que conserva construcciones del Imperio Romano como un anfiteatro considerado el sexto en tamaño en el mundo. Se deja Croacia para internarse en Eslovenia. La primera parada son las cuevas de Postonja kilómetros de galerías recorribles. Y finalmente se recala en Ljubliana, la capital del país, cuya vida activa discurre por plazas y puentes desde donde se pueden apreciar las construcciones romana, medievales y barrocas. Una extensión imperdible a Polonia, pasando por Bratislava, capital de Eslovaquia. Emplazada a orillas del Danubio, está construida sobre un promontorio coronado por el castillo ocupado en otros tiempos por los reyes de Hungría que eran coronados en su catedral. Al entrar a Polonia se hace un alto en Cracovia, antigua capital del país a orillas del río Vístula, con una parte histórica muy conservada y con la plaza medieval más extensa de Europa. En el camino hacia Varsovia, la actual capital polaca, se visita el santuario de Czestochowa para conocer la Virgen Negra, venerada por el pueblo polaco. Destruida casi en su totalidad en la Segunda Guerra, Varsovia se reconstruyó en parte con los esquemas rígidos del urbanismo soviético, pero rehízo su área histórica con un a fidelidad que lleva a vivirla como si se estuviera hace dos o tres siglos. Así sus plazas, palacios, el Teatro de la Opera y sus iglesias. En la iglesia de la Santa Cruz, todo viajero debe dejar una flor en el monumento que guarda el corazón de Federico Chopin. 

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Adelanto Temporada 2016.

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